Nos regalaron narrativa

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Desde hace una semana debí haber escrito este post, porque tal vez a estas alturas ya a nadie le importe cómo nos fue en la celebración de los siete años de Ficción. Lo que pasa es que quizá como enseñó el maestro Quiroga no quise escribir bajo el influjo de la emoción, o tal vez lo que ha pasado en realidad es que todas las veces que he intentado escribirlo me sale cual crónica social de Roland Carreño, o peor aún de Osmel Sousa. No importa, igual aquí va: Primero quiero confesar mi emoción porque a pesar de que esa misma noche habían al menos tres eventos en esta ciudad desesperada por hacerlo todo antes del 3D, nuestra celebración contó con una buena asistencia de público, quienes no dejaron de ir a pesar de las colapsadas avenidas, autopistas y del metro caraqueño (aunque en este ya es costumbre).

La lectura la inició Federico Vegas quien hizo reir y llorar a más de uno (sé de al menos tres) con su último cuento Mercurio. Afortunados los que estabamos allí, yo todavía ando con la voz de Freddy Mercury cantando Don’t stop me now en mi cabeza y no sé por qué, porque Vegas no hace alusión a esta pieza en su historia. Después le tocó el turno a Antonio López Ortega quien serenó los animos con unos cuentos muy intimistas de su libro Lunar. Particularmente disfruté la lectura de Reversible, un texto que me gusta desde que lo conocí allá por el año 1999. Luego leyó Oscar Marcano dos capítulos de su novela Puntos de Sutura, finalista del premio Herralde de novela de la edición pasada. Marcano nos puso a reflexionar sobre las relaciones de pareja y sus complejidades y, por último leyó Alberto Barrera Tyzska un capítulo de su novela La Enfermedad, que sí ganó el premio Herralde de este año y que bautizan hoy por la noche, en los espacios abiertos de Econoinvest. No puedo estar más agradecida por semejante privilegio y el capítulo leído, que fue profundamente conmovedor, hace pensar que esta obra de Barrera esta llena de dolor y reflexiones. Y para que el público presente no se quedara con el ánimo goteando dolores, Federico leyó, a petición de Oscar, un cuento de su libro El Borrador, titulado El terrón. De nuevo la risa y el espiritu festivo se hizo de quienes culminamos la celebración acompañados de amigos, buena conversación y unas cuantas copas de vino. Aquí dejo la foto de los padrinos de honor con los padres de la criaturita en el centro, alegres por la celebración del cumpleaños de su hija mayor.

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